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TODO AYUDA. UNA SOLA VOLUNTAD.

La idea de que Dios quiere para nosotros algo distinto de lo que nosotros mismos queremos es la esencia del problema humano.  Si esto fuera verdad, la única solución posible sería que el hombre renunciara a su propia voluntad para someterse a la voluntad de Dios.

Esta idea, aunque suena religiosamente correcta, es en realidad la ‘Gran Mentira’ de este mundo.  ¿Qué justicia o qué grandeza o qué belleza habría en este conflicto tan desigual entre un Dios todopoderoso y unas criaturas impotentes que deben rendirse porque simplemente no tienen más alternativa?

Pues bien, este cuadro patético parece haber sido siempre el dilema de la humanidad. Por cierto, muchos hombres devotos han señalado que no hay satisfacción más sublime que renunciar libremente a la propia voluntad para cumplir la del Supremo.  Sin embargo, pocos han reparado en el siguiente detalle:
Renunciar libremente a tu voluntad, es en verdad cambiar de voluntad, o más precisamente: descubrir que escondida en tu interior había otra voluntad, superior a la que antes se manifestaba en tu conciencia.

La única posibilidad de que el Universo entero tenga un sentido coherente, y por tanto, que exista la esperanza de un final feliz, es que todos, en lo más profundo de nuestro ser, compartamos una misma voluntad.

Lo que estaría haciendo el Creador entonces, es dejarnos experimentar todas las alternativas concebibles (por nuestro ego) hasta que llegue el feliz día en que –descartados todos los deseos engañosos– descubramos que nuestra verdadera voluntad es idéntica a la de Dios.