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TIEMPO. PERCEPCIÓN. UNIVERSO RELATIVO.

 La ciencia de los últimos tiempos ha ido demostrando, en forma cada vez más irrefutable, algo que hace sólo medio siglo atrás parecía absolutamente descabellado, me refiero a la relatividad del universo físico. Pero esta inmensa revolución en la forma de entender la realidad no se ha quedado ahí, hoy en día se cree –con bastante constatación científica– que el espacio y el tiempo no sólo son variables dependiendo del punto de referencia desde dónde se les mida, sino que más aun, los eventos que se registran en el ‘espacio–tiempo’ dependen ineludiblemente de las características de quien los observa, incluyendo hasta sus intenciones.

Se ha demostrado en laboratorio, con todo el rigor de la ciencia, que un mismo evento se desarrolla en forma objetivamente distinta para distintos observadores. Estos descubrimientos son aún poco conocidos por la gente común, sin embargo ya se vienen aplicando en forma más o menos intuitiva hace bastante tiempo, un ejemplo de ello son las típicas expresiones: ‘todo depende del cristal con que se mira’, ‘ves lo que quieres ver’, ‘al que es positivo siempre le va bien’, ‘te proyectas en los demás ’, ‘eres el artífices de tu propio destino’, etc.

Pero lo más fascinante de nuestro tiempo es que aquellas personas que siempre se negaron a siquiera considerar las leyes y principios espirituales, por falta de validación científica, hoy ya tienen acceso a dichas pruebas concretas. Siempre y cuando claro está, tengan la intención de creer.    

 ¿Por qué todo esto es tan trascendental? Porque nos ayuda por fin a comprender dos cosas de la mayor importancia: En primer lugar, que la humanidad no es víctimas de este mundo cruel, sino creadora del mismo. Y en segundo lugar, que cada individuo tampoco es víctima de la creación colectiva, sino que cada uno percibe el mundo en el que vive según su propia aportación a la creación colectiva.

La conclusión de todo esto –la cual tu ego se resistirá a aceptar, como gato de espaldas– es que en este mundo relativo, tú eres el creador final de tu propia realidad.