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EL JUEGO DE LA VIDA.

Para una persona que lo ha pasado muy mal en la vida, la idea de que ésta es un juego puede sonar muy ofensiva, sin embargo, si creemos que existe un Creador –y uno decente– no podemos menos que reconocer que la vida con todas sus dificultades no puede ser otra cosa que un especie de juego; pues existiendo un Dios bueno, todopoderoso y que nos ama incondicionalmente, es evidente que podría solucionar cualquier problema con un simple chasquido de dedos. 

¿Por qué no lo hace? Esa es la parte dura del juego, el respeto que él tiene por nuestro libre albedrío, por nuestra voluntad de experimentar, y en especial, de hacerlo sin conciencia de que es un juego, donde el peligro en último término no es real. Podría parecer algo cruel de su parte, pero ¿qué diríamos si Dios simplemente prohibiera este juego? seguramente le tildaríamos de tirano, dictador e intolerante. No digo que sea esa la razón específica por la cual lo permite, pero debería ser suficiente justificación para nosotros.

No obstante, lo que yo definiría como la razón de fondo, es que la libertad es una característica intrínseca de Dios, la cual nosotros en forma natural hemos heredado; por lo tanto, jamás podríamos alcanzar la completa paz si no tuviéramos la libertad de experimentar todo aquello que quisiéramos.      

En cuanto a la eterna pregunta de por qué en este juego deben sufrir las víctimas inocentes, diré que en todo este libro he tratado de demostrar que no existen las víctimas, que todo lo que nos ocurre: o hemos elegido directamente vivirlo, o lo hemos elegido en un nivel inconsciente,  o bien, se lo hemos deseado a alguien más, que es otra forma de elegir esa experiencia. En conclusión, el juego de la vida será tan cruel o tan maravilloso como cada uno lo decida.

Aunque la mayoría de la gente proteste con comprensible vehemencia: ¡Yo no elegí este cáncer! ¡Yo no elegí ser abusada! ¡Yo no elegí perder un hijo! etc. Me asiste la total convicción de que si pudiéramos ver el cuadro completo –la visión cósmica– comprenderíamos que sí lo hemos elegido; la mayoría de las veces sin saber cómo ni cuando. 

¿Por qué elegimos vivir experiencias que nos causan dolor? 

En muchos casos creo que se debe a que una inteligencia superior nos hace ver que necesitamos vivir esa experiencia para aprender algo.

¿Pero hay experiencias dolorosas que se podrían evitar?

Sin duda que sí, pues la mayor parte de las experiencias dolorosas las elegimos por ignorancia y por falta de entendimiento; e incluso en aquellos casos que mencionábamos antes, en que un ser superior nos aconseja pasar por una situación dolorosa, se debe a que hemos llegado a una encrucijada, que también ha sido producto de nuestra falta de discernimiento, sabiduría y visión.

Por esto es que insisto tanto en la importancia de ampliar la conciencia,  pues de ello depende que entendamos cómo y por qué elegimos el sufrimiento. Sólo así estaremos en condiciones de elegir acertadamente lo que realmente queremos de esta vida.